Recibir cartas escritas a mano, me hace más grande y más pequeña. Más real.
Es como parar el tiempo en mi falda…
Me devuelven a una adolescencia terrible y divina, tirada en el frío suelo de aquella casa palacio de mi abuela.
Escribir,
escribir y escribir
sin dejar de
escribir…
Ahora no sé escribir sin ordenador y cuando recibo una carta a mano, mis venas se erizan.
Siempre, antes de abrirla, la acerco a mis dientes y la
huelo,
como si fuera
un algodón de
feria.
(Su pringue, me deja las mejillas
manchadas).
Mi padre me escribe cartas con su nombre impreso en el membrete.
Y dentro, dependiendo de si es un poema o una carta, va a mano o en esa máquina del año dos antes de cristo cuyo ruido e imagen tengo grabada en mi piel.
Yo le contesto a mi padre también con un poema o una carta.
Pero ahora,
también recibo cartas de amor a mano…
Te quiero,
me dicen,
eres la más importante
para mí.
No existe nadie
más que tú.
Y también
(uffff)
me muero por verte.
Por favor,
contéstame y,
(esto es muy importante)
no se lo cuentes a
nadie.
Y aquí estoy yo, contándoros a todos que ahora, recibo cartas de amor…
La autora es una niña de 15 años que está en un centro de modificación de conducta. A la que quiero como si la hubiera parido hace tres años, cuando vino la primera vez a mi casa del centro de acogida de aquí.
Eso es una verdadera carta de amor.
Y encima,
coloreada y con corazones.
Coño, que feliz me hace recibirlas…
yolandaqueesteañoescribirácartas
Circo
Hace 4 horas
