sábado, 16 de mayo de 2009

miperdón...

Me pides perdón;
como si yo tuviera
la capacidad
de perdonar…

Te miro como
un animal en alerta y
me retraigo entre
mis huesos,
clavándome en los
ojos
mi propia espina
dorsal.
—De tanto llorar—.

Como una anciana
me levanto de
mis dudas;
dejo tirado en el
suelo
el recuerdo de tu
mentira,
la frágil y violenta
mañana que me
arrancó la
vida.

Pero no puedo andar;
tengo demasiados
remiendos en el corazón,
demasiados clavos
(y besos)
atravesándome
el esternón.

Y vuelvo aquí
para decirte,
con toda la fuerza
de mi sangre,
que el perdón
no existe
si no lo sobrevive
el olvido.

1 comentario:

  1. Yolanda un poema estremecedor, efectivamente no se puede perdonar mientras la mentira, las dudas y la desconfianza merodeen por tu cerebro

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