jueves, 23 de julio de 2009

hassecaló

Hace calor,
como la canción de Calamaro, ese poeta que canta arrastrándose entre la música. Que ronquea tan deliciosamente.

Bien, pues no sé vosotros pero donde vivo yo, algunos hombres, con “tanta caló” van casi desnudos. En las tardes y tórridas noches de verano, se asoman a sus casas y se sientan en las sillas que colocan en la calle sin camisa y medio en calzoncillos.

Esto sería de puta madre para mis sentidos si los varones que se exhiben fueran tipo George Clooney (lo siento, nunca me gustaron los jovencitos) o mi amigo Jarka Miller.

Pero no, cuanto más grasita tienen entre las vértebras, más desnudos van.
Para que os hagáis una idea os resumo la bucólica escena de ayer:


Cuarenta grados,
aún así,
me atrevo a volar.

Tengo las plumas
recién pintadas.
—Si no las seco,
se quedarán atrapadas
en la nada—.

Despliego mis emociones y
me dirijo al parque
del olvido.

Asciendo lentamente,
afinando el iris.

Que verde el suelo
de la esperanza,
que limpios
los columpios
de los niños,
que rojos
los geranios
de las madres.

Y en el centro
del edén,
un grupo de hombres.

Desnudos,
impúdicos en su fealdad y,
lo peor de todo,
gritándoles a una preciosa ninfa
de treinta años
que pasa cerca de ellos:
¡que fresquita vás,
debería de darte
vergüenza,
ya te daría yo a ti caló…!



toma ya.

yolandaqueesperaageorge

3 comentarios:

  1. jajaja, en mi barrio igual, en verano con sus panzas cerveceras al aire,y la educacion y sus buenos modales tan escondidos que hasta creo que carecen de ellos.

    me he reido mucho con tu relato, como siempre dices las cosas tal y como a mi me gustaria decirlas, pero nunca me salen tan bien como a ti.

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  2. me alegro que os gusten mis impúdicoscaraduras...

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