lunes, 31 de agosto de 2009

lapregunta

Una vez me hicieron una pregunta muy interesante.
Fue en Albacete, un chico que debió de pensar que yo era alguien importante (bueno, para mis amigos y familia lo soy, espero) o alguien famoso.

Si algún día llegas a la cima, me preguntó con un asomo de vergüenza entre los dedos, ¿te acordarás de mí?, ¿de este día que hemos pasado todos juntos y de lo que hemos hablado?... ¿te acordarás de esta felicidad que aprecio que sientes?...

Pensé mi respuesta porque hubiera sido fácil decir que sí pero quería contarle algo más,

decirle,
por ejemplo,
lo que vale plantar
una sonrisa
en mis vértebras.

Explicarle,
también,
la profundidad
de sus palabras.
—que se aferraron
en mi cerebromar
para siempre—

Y, subrayarle,
en el aire,
con mis
versos,
(como no)
que lo que más
vale de una persona
no es ella misma;
sino a quien
tiene a su
alrededor…

Alguien a quien quiero mucho y que estaba sentado a mi lado contestó entonces por mí: ella no se olvidará. Ella no…
Y yo agradezco que ese alguien (aunque sea uno sólo en el mundo), sepa que lo más importante para mí son las personas.

Nunca me olvidaré de ti, le contesté. Puede que de tu nombre o de tu cara, pero nunca de tu esencia y, mucho menos, de que me has hecho sentir.



yolandaundíaquepiensamásdelacuenta

jueves, 27 de agosto de 2009

mihijayjasmin

sábado, mientras baño a mis hijas…

Isabel tiene 12 años. En su cuerpo (abrigado por mis besos) se adivina el mar de hormonas que la inundan, irrumpiendo en su cerebro con la necesidad animal de sentirse mayor.
Dentro de su piel, su corazón fluye tan vertiginosamente que casi puedo acariciarlo con mis manos.
La comparo contigo y con tus amigas, niña desconocida, con esa miseria de vida que os compra y os vende como perras en edad de parir, cuando sólo sois niñas sin infancia en edad de jugar…


………….

Jasmin
era la mejor,
de lo peor.

Sus amigas
la llamaban
Labios de Oro y
con sólo 14 años
(una noche)
se acostó
con 12 soldados
italianos.
—Seguro que
no durmió—.

Son las once de
la noche en
Sarajevo,
en la base militar
de la OTAN.
(La que los
defiende).

La niña,
que no lleva
minifalda
para no quedarse
atrapada
entre las alambradas,
pasa escondida
en un asqueroso
abrazo de
la noche.

Dentro,
apoyado en un
contenedor,
la espera un soldado.
—Esta vez
es francés—.

Pagará 50 marcos
alemanes
por una felación.
Pero ella se
llevará 10.

Seguro que el soldado
tiene madre,
o hermana,
o hija,
que es peor…

Y seguro que no sabe
(el mal nacido)
que Jasmin,
esa noche,
al volver a
su casa,
desapareció.


(fragmento del libro de poesía que acabo de terminar con Noemí Trujillo)


yolandaqueluchaporunmundomásjusto

domingo, 23 de agosto de 2009

ojosnuevos

Aparco el coche con cuidado, pero no por rozarlo, sino por no molestar al vecino, ese dulce hombre que me ha abierto la puerta nada más llegar.
Y,
lo mejor,
me ha sonreído…

Entro a borbotones en la casa que mi hermano Fernando ha alquilado en la playa de Huelva (donde se me muere y se me nace mi mar).
Despliego mis besos y muevo la cola al entrar, como un perro callejero sin caricias que tiene un nuevo dueño.
Estoy dispuesta a vivir de los restos, me digo al oler las algas…

Y me pongo el bikini.
(Por suerte no me da tiempo a mirarme si he engordado...je, je)

Me muero por nadar,
por pincharme
toda el agua salada
en las venas.

Por volverme piel
que flota desnuda
en la boca de la orilla,
arrastrada por las mareas
como un trozo de ropa
abandonada.

Dejar de ser yo para ser,
por ejemplo,
un caballito de mar.

Y bajo a la playa, descalza, pasando por los ángulos del aire y de la calle. Mirándole los ojos a las puertas que tantas veces he visto.
Soy un jarrón lleno de guijarros. Conforme me voy acercando al mar, las piedras se van licuando en mis entrañas. Se van volviendo agua que, a través de mis venas, me voy chupando yo misma.

Pero hoy,
todo es diferente.
Tan viejo
y tan nuevo…

Soy feliz.

Y, mientras nadaba, he decidido parirme de nuevo los ojos. (Los elegiré del mismo color para que no lo notéis).

Y he acordado con mi sombra
que quiero volver
a ver las cosas como si fuera la primera vez.

Abrir los ojos mucho,
mucho,
hasta que se
me queden
grandes.

Y en ello estoy…


yolandaquemiradenuevo

domingo, 16 de agosto de 2009

arjonilladejuana

Hace caló,
mucha caló,
igual que en todos los rincones de esta Andalucía que se desquicia entre los mares de olivos y la tierra agrietada…

Sí señores, pero hay que vivir y uno no puede encerrarse en su casa a dejar pasar la vida.
No…

Así que esta mañana, en la feria de la preciosa Arjonilla, ha venido a verme (con esta caló), la dulce Juana.

En las manos traía
un bolso de esparto rojo
y en las manos abiertas,
un beso
para mí.

Conocí a Juana en Viladecans, me la presentó su dulce hija Micaela. Y como la vida es así de chiquita, ella es de Arjonilla, el precioso pueblo al que voy cada año en fiestas.

Dos generaciones abrazándose
en el portal
fresco de ese
pueblo de verano.
Dos mujeres
derritiéndose
en una.


Y cuando se ha ido, me ha quedado en las costillitas ese sabor dulzón que te impregna cuando sabes que has hecho algo bien.
Algo natural que es
querer a
quien te quiere…

Por eso, hoy, quiero agradecerle a la dulce Juana que haya venido a verme con sus besos y su vida contada a trozos en ese bolso de esparto de colores. Y enviarle a sus ojos este poema, donde habla de los tesoros:


Debido
a la presencia de
carteristas en la
zona,
se recomienda no
pierdan de vista
sus objetos personales.

Y yo te abracé
fuerte,
muy fuerte,
sin dejar
de mirarte.



yolandayjuana

miércoles, 12 de agosto de 2009

misupermercado

Tengo esa manía romántica de mirar siempre quien me ha atendido en el supermercado. Viene escrito en el ticket, al final. Con una frase que dice: le atendió…

Lo hago en el ascensor, como descubriendo un secreto y contemplando el precioso carro de acero lleno de provisiones (momento feliz, por cierto).
Mientras bajo al parking desdoblo el papel y lo miro con intriga. Entonces, susurro su nombre. Una persona es más tuya cuando sabes como se llama y la nombras…

Mientras compro, siempre hablo con quien me atiende, por esto odio las máquinas autoservicios y nunca echo gasolina en una que no tenga gasolineros a los que le puedas preguntar que se vende más si la normal o la diesel o si el día de navidad se siente muy solo o si mucha gente echa gasolina o….)
Y sobre todo,
me encanta darles las gracias cuando han terminado…

En fin,
que me gustan
las personas
y que siempre,
cuando termino,
miro el ticket
blanco y profundo
del supermercado…

Y un día, leí un nombre precioso y nació este poema…



A lucía, la protagonista
de mi novela…


Le atendió
Silvana…
Eso dice mi ticket
del supermercado.
(Nunca había
oído un nombre
tan de viento).

Ahora,
al nombrarlo,
sus vocales de
cuerdas abiertas
me tensan
la mirada.

Silvana…

Dibujo sus ojos
a través de los míos,
recordando a tientas
el momento
en el que la descubrí,
y,
por fin,
la veo.
En la caja
número siete.
Cobrando a la señora
del pañuelo blanco
que iba delante
de mí.


Silvana…
(el nombre
se me va enredando
cada vez más
fuerte
y se instala,
poco
a poco,
en la esquina
de mi boca).

Son ciento catorce
euros.

Mientras le pago
mido el olor
de su pelo,
el quiebro
torpe
(y líquido)
de su voz
y la sonrisa
de chocolate
y menta
de su cuello.

Silvana…
(nunca había
oído un nombre
tan de viento).

Aunque no tenga
compra
volveré mañana.
Quizá le gusten
las chicas…



yolandaquehacompraohoy

domingo, 9 de agosto de 2009

losrecuerdos

a todos los que se quedan solos...


La muerte no debería
venir
mientras tu mujer
recoge la cocina.

No.

Tampoco debería venir,
la muerte,
mientras lees
un libro
como cada noche.

No.

Porque si la muerte
viene en una escena
cotidiana,
(que no es hacer el amor
por ejemplo)
estás amputando
a la persona
amadaquesequeda
de un trozo imprescindible
de ciclo.

Le estás arrancando con una
cuchilla afilada
un fragmento desorbitado
de su vida.

Un desgarro en la piel
cálida y protegida
por la costumbre
de los días.

Eran las doce de la noche
y él se había quedado dormido
en el sofá
mientras leía.

Ella terminaba
de recoger
la tarde
y la cocina.
Te has vuelto a dormir
amor”,
le dijo dulcemente,
aquietando
su brazo
acostado en el libro.

Pero él no despertó.

La muerte se le había
escapado
por la vida.


yolandaquerecuerda

miércoles, 5 de agosto de 2009

yolandaquemira

Ella se viste
(o se desviste)
bajo el mostrador.
Tengo frío,
le ha dicho al chico que habla conmigo.

Ella,
antes de bajar al suelo,
me ha sonreído. ..

Estoy en Galicia. En un puesto de jippys que me atrae como la sonrisa de un niño. Al fondo de mi cerebro veo el mar.
Si alargo las pestañas, puedo atrapar con ellas el sol que se me muere a chorros dentro del iris.
Así,
gota a gota,
como el final de una canción…

Él me está enseñando un collar de cuero blanco que acaba de hacer. Me pregunta si soy de Granada.
No, bello artesano.
Ahora,
contigo de frente,
soy de aquí…

Sigo viendo las pulseras y él, después de mirarme como un cachorro perdido, desaparece también bajo el mostrador...

Ella lo ha llamado con su boca y él,
sin vergüenza y
sin espera,
baja al dulce infierno
de su piel.

Huelo a humedad.
El puesto está ahora envuelto en un leve jadeo de lengua limpia, de sal seca y mojada y
de un suspiro roto.
-Quebrado
con la ternura
recién nacida-

Pasan segundos y minutos de envidia.
Desde aquí, sólo les veo el pelo.

Él se levanta y tiene los labios húmedos y mordidos.
Ella,
imagino que tendrá un mar entre sus muslos.

Y yo,
sigo allí….

Me lo quedo. Le susurro.
Y él sonríe.
Sonríe con los dientes y con las manos, con el collar que le cuelga en ese pecho tan hermoso y con el pelo rizado y revuelto.
Sonríe.
Me sonríe…

Ella se levanta alegre y traviesa y me dice mirando el collar que acabo de comprar: estás preciosa.

Vuelvo al camping bañada de dulzura y con una duda:
no sé
si me he enamorado
de él
o de
ella…



yolandaconelcollardeternura

sábado, 1 de agosto de 2009

avecesmevoy

El semáforo se incendia en un rojo indecente.
Paro el coche y subo el volumen de la radio.

Alguien ha llamado para decir cual es su canción del verano y el locutor la nombra: te quiero.
Vuelvo a subir el volumen y mi pecho.

Esa letra me abofetea la realidad:

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos...

El techo del coche se desliza.
El cielo, con su lengua, lo ha chupado y absorbido, apartándolo de mi cabeza.
Ahora no hay nada que me impida crecer...

Y me hago grande,
mientras te quiero.

El semáforo sigue en rojo y yo cada vez soy más del aire y menos de mi sangre.
Llego,
incluso,
a tocar las nubes…

Imaginad la escena: mis pies apretando aún el pedal del freno y mi pecho abrazado a un hidrometeoro formado por cristales de nieve.

Allí,
en lo alto
de nuestros ojos.

Siento el vello arder,
y toda esta exageración (que le parecerá un sueño al del coche de atrás) por escuchar en mitad de un trayecto hacia el supermercado una canción de amor.

Y todo
por vivir tan a fondo
lo que oigo y lo que siento.

Y todo,
porque te quiero. ..


yolandaexcesiva