lunes, 30 de noviembre de 2009

mifisiobrujo

Me duele el cuello.
Y me mareo.

Pero al menos ya sé distinguir los mareos: en uno, todo gira a tu alrededor y en otro, eres tú el que te mueves como una batidora.
Yo creo (y no se lo digas a nadie)
que tengo demonios en
las venas del cuello
(el de la cabeza, no el del útero).

Me decido y voy a un fisio que me recomiendan. Joven, sonriente y apuesto.
(Yo hubiera preferido ir a una bruja).

Me tumbo en una camilla y él
mirando fijamente
mis pensamientos,
me dice que algo en mí es extraño…

Yo iba a contarle que mi padre decía lo mismo cuando niña y
que mis hermanos piensan
que a veces hago cosas que
no son de cuerdos.
Que hasta mis hijas dicen
que hablo raro.

Pero no me dio tiempo…

Sin pedirme que me abriera la piel,
metió su mano dentro
de mi cuello y me dejo sin aire.

Y yo me quedé
paralizada,
sujeta al trozo de vida
que me ataba
las muñecas y
ahogándome en una
mueca que antes era
sonrisa.
Con los ojos gritando.

Desde la parálisis, siento sus dedos rebuscar entre mis aortas, entre mis músculos infrahioideos, entre mis vocales ahogadas.
Y de pronto,
se detiene en mi escaleno medio (ese músculo que hace que se eleven tus costillas) y grita:
¡lo tengo!

Abro los ojos y a borbotones, me salen por ellos todas las pulsaciones de mi corazón.
Entonces, atónita,
contemplo como el fisio, va extrayendo de mi cuello
una cuerda de palabras atadas,
de verbos obscenos y punzantes,
de gritos y lamentos,
de bofetadas y de abrazos rotos,
de uñas partidas en fragmentos y
un montón de niños huérfanos.

Todo eso de mi pequeño cuello…

Deberías de venir más por aquí,
me dice mientras me visto.
Te tragas demasiado la mierda que sufre el mundo.



(Para los románticos, también besé a este chico…)


yolandaquesemareamenos

jueves, 26 de noviembre de 2009

meescribencartasdeamor

Recibir cartas escritas a mano, me hace más grande y más pequeña. Más real.
Es como parar el tiempo en mi falda…

Me devuelven a una adolescencia terrible y divina, tirada en el frío suelo de aquella casa palacio de mi abuela.
Escribir,
escribir y escribir
sin dejar de
escribir…

Ahora no sé escribir sin ordenador y cuando recibo una carta a mano, mis venas se erizan.
Siempre, antes de abrirla, la acerco a mis dientes y la
huelo,
como si fuera
un algodón de
feria.
(Su pringue, me deja las mejillas
manchadas).

Mi padre me escribe cartas con su nombre impreso en el membrete.
Y dentro, dependiendo de si es un poema o una carta, va a mano o en esa máquina del año dos antes de cristo cuyo ruido e imagen tengo grabada en mi piel.
Yo le contesto a mi padre también con un poema o una carta.

Pero ahora,
también recibo cartas de amor a mano…

Te quiero,
me dicen,
eres la más importante
para mí.

No existe nadie
más que tú.

Y también
(uffff)
me muero por verte.

Por favor,
contéstame y,
(esto es muy importante)
no se lo cuentes a
nadie.

Y aquí estoy yo, contándoros a todos que ahora, recibo cartas de amor…

La autora es una niña de 15 años que está en un centro de modificación de conducta. A la que quiero como si la hubiera parido hace tres años, cuando vino la primera vez a mi casa del centro de acogida de aquí.

Eso es una verdadera carta de amor.
Y encima,
coloreada y con corazones.

Coño, que feliz me hace recibirlas…



yolandaqueesteañoescribirácartas

lunes, 23 de noviembre de 2009

ablacióndemierda

Hoy quiero colgar un post duro para apoyar el 25 de noviembre. Día contra la violencia de género.

Es un texto que sangra,
sobre todo
porque es la voz de
una niña que
habla desde
su verdad.
(A la privación de derechos humanos, algunos le llaman verdad)

Pertenece a mi próximo libro de poesía ¡Corre Edith Napoleón! que está a punto de salir y que he escrito con la gran poeta Noemí Trujillo.
Cada una ha parido versos
que se han escrito con la tinta de historias
de mujeres maltratadas por la vida y,
lo que es más
jodido,
por los hombres.

Este poema es un grito desde lo más profundo de mis venas. Ojala os retumbe en los oídos durante todos estos días...



Me amputaron
el naciente
placer
cuando tenía
nueve
años.

Jugaba con Khadija,
mi bonita muñeca
de ojos negros.
Mi madre, impasible,
me la arrancó,
y me segó la
voz con
mis propios
gritos.
(Del pelo,
me quitó
la niñez y
una flor).

Me ataron a
una piedra y
con una cuchilla
vieja me arrasaron
como mujer.

Sin anestesia,
sin piedad.
—Sometimiento de
niña hembra
grabado en mi
chiquilla piel—.

Después de unas
horas puedo,
a través
de un pequeño
orificio con vistas
al diablo,
orinar.

Pero mi madre,
mientras me unta
zumo de limón y
nanas,
sonríe…

Ahora los hombres
me querrán
comprar.
Seré una fiel
mujer muñeca
(de mentira
pero de verdad).
Y lo mejor;
cuando sea mayor,
me podré casar.


yolandaquellora

viernes, 20 de noviembre de 2009

teresasiempre

Para Teresa, mi imprescindible,
porque me enseñó la palabra pez.

Una isla
desierta.
Y yo,
(desierta también)
en el centro.

Estoy desnuda y
rodeada de
tesoros.
Pero no
puedo llevármelos.
—No están
tus brazos para
transportarme—.

Así que
comienzo a ponerme
todas esas joyas.
(Que tontería,
pensarás
al verme).

Los brillantes
en los pechos,
—para que al moverlos
te deslumbren—
y los rubíes en
el pelo
—rizos de fuego
que te abrasen—.

Los collares de
perlas en la
cintura,
con una larga
cadena hasta el
tobillo que me
atrape las venas.

Y,
enjoyada,
me siento a
esperarte.
Aún sabiendo
(doloroso pez
que acabo de enviar
al agua)
que nunca
vendrás a
vestirme.


yolandamar

lunes, 16 de noviembre de 2009

sencilloalmenara

Me gusta la gente sencilla.
Mucho.

Cuando la tengo delante y
la veo moverse,
(a la gente sencilla)
reírse, levantarse y
mirarme,
la veo abrazarme,
despedirme,
besarme,
leerme,
abrirme,
aumentarme…
me siento feliz.

—Me siento limpia,
diría mi yo
más oscuro—.

La gente sencilla
no se preocupa si
tu bolso es de
segunda mano o
de Dior.

Ni si vas a
Llongueras o te
cortas el pelo tú.
—Es más,
ni siquiera
miran si te
has pintado
(de azul, que es lo que
se lleva)
las uñas de los pies—.

Por eso me gustan tanto…

Porque para ellos,
lo más importante,
lo más valioso,
lo más interesante y
profundo,
lo más inevitable y
auténtico,
lo verdaderamente
imprescindible,
eres tú mismo.

Ayer, en El bonillo, en el concurso de Radio Almenara, donde fui madrina, conocí a mucha gente sencilla.

Que suerte tengo…




yolandaqueaprende

jueves, 12 de noviembre de 2009

laparejapedagógica

Hace tiempo que robo historias. Sin pudor.
A veces las pido.

Pero todos mis poemas son crónicas reales (por esto digo que soy más bien cuentacuentos). Este es el caso de un testimonio que me contó una amiga y del que salió este poema (solito, como un niño sin manos para echarlo del útero).

Moraleja:
la verdad,
lejos de ofender,
a veces te hace
reír y
otras,
te abofetea.




A Mª del Mar, por contarme
sus historias y las de
otros…


Víctor:
profesor universitario
(estudia también
la llegada del verano
en los muslos
de las chicas).

Marina:
educadora en
un colegio
concertado
(con un precioso
limonero
en el patio).

Sus vértebras
las afinan
cuatro hijos.
La menor
brotó
por sorpresa.

Que lío…

Y él,
harto de tanta
celulosa y leche
de bote,
una mañana
va al hospital.
Quiere la vasectomía.

No se preocupe,
señor,
le dice el médico.
Es usted
estéril de
nacimiento…

Los dos hijos
mayores,
ya no son suyos
sino de su
hermano.

Menos suerte
han tenido los
pequeños,
que son
del vecino.



yolandaqueescucha

lunes, 9 de noviembre de 2009

elcamiónextraño

la carretera se me
abre entre las
pestañas.

Va dibujándose a trozos entre mis muslos cansados.
Son las tres de la tarde y no he comido nada desde las ocho. El camión que va delante tiene un color extraño…

De pronto el aire se convierte en una canción. Una nana… El camión aminora el paso mientras de sus ruedas van pariéndose a sí mismas unas alas de algodón.

Me froto los
ojos y me
pellizco el iris.

Pero las alas,
siguen creciendo…

Entonces, la puerta trasera del camión se abre,
y mi mundo (hasta ahora lleno de asfalto)
se llena de nieve de raso.

Imaginad la escena:
la música de nana. Medio cantada medio llorada.
Mi vello volando frenéticamente por el coche (erizado) y
las canicas blancas de raso inundando el aire,
saliendo del camión como si fueran llamas en un dulce infierno.

De pronto siento un pinchazo profundo. Tanto que casi tengo que dejar el volante. Contemplo atónita como las esferas diminutas se van inyectando en mi sangre. Como, melódicamente, me van haciendo, ellas mismas, una transfusión de placer (cambian mi cansancio por paz).

—la sangre roja sale de mi coche espantada—

Grito excitada dentro de este espacio de titanio y moqueta. Estoy endemoniadamente feliz en este estado de no sangre,
de no olvido,
de no recuerdo,
de no odio,
de sí esperanza.

Se quema
de amor el mundo…
he pensado sonriendo
mientras las alas
del camión
se han replegado
en un abrazo
sólo para mí.

Para que luego digan que todo lo que escribimos los poetas es triste…



yolandaendemoniada

jueves, 5 de noviembre de 2009

cosasdemujeres

Como se acerca el final del maravilloso concurso de Radio Almenara, hoy cuelgo en mi blog una conversación entre chicas, en honor a esta parte de concurso que le dedican a las mujeres. Y, sobre todo, por si a alguna le ayuda...


A alguna de mis amigas,
que aún no han descubierto
que lo más hermoso de la vida son ellas.

Yo estoy bien;
(me dice con las pecas
de sus manos)
algunos kilos de más.
Tú sigues sonriendo tanto,
qué guapa estás…

Después de veinte años,
querida amiga,
(le contesto con mis
besos)
no es fácil resistir.

No te quise contar
que me siento feliz,
que la sonrisa
eterna que nace
de mis vértebras,
me hace, muchos
días rotos,
revivir.

Que tuve dos hijas
que crecen conmigo
pero no para mí.
Y que sigo soñando
cada día
para no dejarme
ni un solo instante
de sentir.

Me dices
que tus hijos
(tres)
te hacen vegetar
y que ya no ves
ni la telenovela.

Que has dejado
tu trabajo de diseñadora
porque entre los
niños y la limpieza
de la casa nueva
(espectacular,
por cierto)
no tienes tiempo
ni de hacer el amor.

Sólo es un tiempo,
Yolanda,
hasta que mis hijos
crezcan...

Tu marido
sigue perfecto,
tan atractivo
como antes.
Me dice,
al oído,
que lee mucho,
y que juega dos tardes
a la semana
al paddel.

Se cuida.
Lo cuidas.

Se quiere.
Lo quieres.

Todos menos tú
crecen.

Lo sabes.
Se nota.




yolandamujer

lunes, 2 de noviembre de 2009

elcamareroyyo

Estoy en la cama de un hotel cojonudo.
Voy a cambiar el blog y busco, entre las sábanas, mi libreta.
-Esa incondicional que viaja siempre conmigo-.

En ella he escrito esta noche (en la que cenaba sola frente al mar), el poema de mi blog.

Al fin la veo. Se ha dormido en mi dedo meñique (del pie).
Ven aquí,
pelleja…

La abro.

Esto es lo que os quería contar:


El camarero
es serio.

Se acerca,
casi levitando,
con un plato de
ternura
en la mano.

Lo miro
tranquilamente,
como si la vida
fuera este
pastel de cerdo
que ahora
me ceno.

(Lo de cerdo
no va con
segundas)

Suena,
de fondo,
una guitarra
flamenca.

¿Quieres bailar
conmigo?
le pregunto
al camarero
casi llorando por
tu ausencia.
(Sabía que
no vendrías
a cenar).

Y él
deja el plato
suspendido en
el aire.
Sabiendo que
no se caerá.

Me coge
(con sus dedos)
la nostalgia y
me acerca,
dulcemente,
a su verdad.

Eres tan
hermosa…
Me susurra
mientras aprieta
mi cintura.

¿Sabeis que ha
pasado con la
comida?
(y con el
cerdo).

Que lo he
olvidado…


yolandaqueahorabaila