lunes, 29 de marzo de 2010

poesíaparagritar. maltratoanimalygalia

Hoy no voy a ser tierna.
Lo aviso.
Ni voy a tener paciencia ni misericordia.
Es más, hoy no soy capaz ni de perdonar.

Por esto voy directa a tu cerebro, a contarte una historia real que me ha abierto el corazón, dejándolo sin aliento.

Voy a empezar este poema con un dato:

Si tu hijo o el hijo de la vecina, abusa de un animal, puede ser el síntoma de sufrir él mismo un abuso y puede, además, estar preparándose para maltratar a las personas.
¡Páralo ya!


A Jose,
que es un héroe sin capa.

Galia nació
dulce,
tanto que su
piel se llenó
de manchas
de chocolate
fundido.

Galia nació
con hambre,
lamiendo con
ansia
el aire y
la teta de
su madre.

De pura raza,
y compartiendo
el cordón umbilical
con ocho
cachorros,
Galia terminó
en un contenedor
de basura
con un ojo
arrancado
(que pena que
el que se lo hizo
no se cortara
después las venas…).

El motivo
ya no nos importa,
no le devolverá
a Galia
su ojo.

Una vecina
la recogió
y le cosió
la cuenca
con
(además de
hilo de olvido)
mucho amor.

Lo mejor de la
historia es
el final feliz
que hace que
algunas personas
cambien el mundo:
Galia ha sido
la hermosa declaración
de amor
que un chico al
que he conocido
le ha regalado
a su novia.

Y os juro,
por todo lo que
queráis,
que Galia ahora
sonríe.
Que yo la he
visto con los dos
ojos que no me
arrancaron al
nacer.



yolandaquegrita


(PARA OÍR EL POEMA EN EL PROGRAMA DE RADIO, HAZLO AQUÍ:)

Y esta es gaia, que su dueño ha tenido la gracia de colgar esta foto y titularla: ¡un guiño!

jueves, 25 de marzo de 2010

misemanasanta

Cuando era pequeña
me volvía
grande
el Viernes
Santo.

Me plantaba
un capirote
en la cabeza
(llena de tierra,
pájaros,
y flores),
y sobre este cuerpo
aún muy
tierno y que
empujaba mis
costillas,
una túnica blanca
de algodón.

Cuando era pequeña
salía en las procesiones
de aquel pueblo
frío y caliente
de la sierra.

Todos los niños
en fila,
nerviosos de parirnos
ese día
tan mayores.
Sin cansarnos,
sin movernos,
sin hablar.

Cuando era
pequeña,
los niños que venían
a ver las procesiones
reconocían a las chicas
por los zapatos.
y si eras niña,
te tocaban el culo…

Y yo le pedía
a mi primo
cada año
el capirote morado
y los zapatos
negros y gastados
del colegio.

Quizás
la Semana Santa
tenga la culpa
de que no use
zapatos
de tacón
y de que no me deje
tocar,
ni las narices,
ni el
culo.



yolandaquerecuerda

jueves, 18 de marzo de 2010

ostalindalaniñagitana

Este poema saldrá en el libro nuevo que se publica en abril de poesía para luchar contra la violencia a la mujer y que he escrito con Noemí Trujillo.
Es una historia real, una lacra para nuestra sociedad...


A mi amiga Isabel, que lucha cada día
con sus manos y sus entrañas.


Ostalinda tiene
ocho años y
saca notables
en la escuela.
—Teoremas
hinchados de
ilusión.—

Vuelve a casa
corriendo
cada día
y entra a borbotones
en la estancia
(así, como acunando
con sus rizos
el aire de la
atmósfera).

Después de comer,
ayuda a
sus hermanos
a descargar la
furgoneta
del mercado
—que cada día
va peor—.


Ostalinda tiene el
pelo negro
y los ojos
ensortijados.
Y asoma entre
su piel
—de golosinas
y café con leche—
un brillo de
jardín de infancia.
(Las niñas gitanas
también quieren
ser princesas.)

Y cada noche
—a escondidas—
enciende sus
ojos
para abrir un libro
de viajes
(sueña con ser
azafata.)

Si su padre
la descubre
le gritará colérico:
Las gitanas
no estudian…

Al cumplir
los dieciséis
la obligarán
a dejar la escuela.
—Teoremas
hinchados de lágrimas.—

Ojalá mi amiga
Isabel (esa gitana
moderna)
pudiera
cincelarle a su
padre en las
venas
—a fuego hirviendo
pero no lento—
que se puede
hacer
sin dejar
de
ser.


yolandaquegritafuerte

lunes, 15 de marzo de 2010

aire,aire,aire...

Este poema lo he hecho para la exposición de arte de la casa pintada. Lo he dejao en una silla (impreso en papel rosa) y con un globo. La gente se lo llevaba (se agotaron) y alguno inflaba el globo y lo colgaba en un árbol seco que había cubierto de encaje.

La dedicatoria del poema la he puesto después, porque hay veces que los versos se adelantan a las historias y regalarlas, es un milagro para mí...


Para Chari,
que construye palacios de amor
con ladrillos nuevos.



Hoy,
mientras dormías,
he abierto
tu cuerpo.

Me he metido
dentro y,
subida
en una cáscara
de miel,
he recorrido
tus venas
(hacía demasiado
aire en tu
corazón y
me he tenido
que recoger
el pelo).

Después he cerrado
las ventanas de tus
gritos y
he abierto,
con mi lengua,
la puerta de
tus besos.

Estoy agotada.
He trabajado
mucho esta
noche
dentro de ti…

Ojalá cuando
te despiertes
vuelvas de
tu abandono y
quieras ser tú
—entonces—
el que quiera
estar
dentro de
mí.


yolandallenadeglobos

jueves, 4 de marzo de 2010

afilarmisuñas

Cojo mis ojos
con los dedos
y me los cambio
de sitio
(últimamente veo
demasiado
alto
y el otro
día
casi piso
un recuerdo
que estaba
dormido)

Después,
me aliso el
pelo
(estos rizos indomables
no dejan
que pase la
luz a mi
cerebro y
lo necesito
fresco
—en carne viva,
diría mi
madre—).

Y multiplico mis
dedos hasta
llegar a
cien
(tu número
favorito,
nunca supe
por qué).

Lo último,
y lo más importante,
será afilarme
las
uñas
—ahora cien—
y
los
dientes.

Es lo único
que me falta
para,
cuando
me vuelvas
a engañar,
matarte.


yolandafuerte

lunes, 1 de marzo de 2010

bajarlasescalerasdetusentrañas

A veces, bajamos dentro de nosotros. Tanto, que no encontramos la salida (tan simple, que no la vemos). Entonces necesitamos una mano llena de locura que nos agarre de los intestinos y nos saque al exterior.
Por eso este poema. Por las bajadas y por el maravilloso subidón.



Esta mañana,
me he despertado
enterrada dentro
de mí.

No podía
salir de
mi asombro,
ni de mi piel,
ni de mis
entrañas…

Estaba atrapada en una Yolandalacrada.

He gritado
fuerte,
muy fuerte;
pero todos
dormían
profundamente y
mi voz era
el anticipo de
una lágrima
seca;
el fósil de
una nota
desafinada.

Mientras
pensaba,
me volvía
cada vez más
pequeña y más
feto.

De pronto,
cuando la placenta
del olvido
se iba
tragando todos
mis órganos
(el pelo me aferraba
a la cordura)
has aparecido tú,
con tu mano
de cachorro
sin miedo
atravesando mi
esternón.

Llegando al más profundo
rincón de mis vértebras y
de mi amor.
Y,
con la suavidad
de una hoja de
almendro,
has plantado
en mi
cerebro,
una flor.

Ahora vuelvo
a nacer
dentro de mí
y llevo en mis
entrañas,
tu jardín.


yolandaarribita