lunes, 21 de junio de 2010

arrastrarseporplacer

Esta mañana
he ido a
su cama.
Él dormía
boca abajo.

He atravesado
las sábanas y
su perímetro
más dulce
—área delicada
de triángulos
y vello—

Y he soldado mi
ombligo a su
lomo,
moviéndome
como una serpiente
(muy venenosa).

Con mi
cascabel,
he taladrado
su oído y,
con una operación
matemática de
mi lengua,
he probado
su sangre.

Creo que,
sin querer,
le he
mordido
las venas,
porque él
—siempre él—
ha gritado.

O quizás soy
demasiado venenosa
y…
lo he matado.





yolandaquerepta

viernes, 18 de junio de 2010

amigasquesereencuentran

Este poema
tiene que ser cursi,
por cojones…

Será cursi
porque dentro
hay encerrada
melancolía,
recuerdos rosas y
envidia de telenovela.

Un montón de amigas
que se vuelven a ver
después de veinte años.
Corazones abiertos
sangrando verdades y
(después de muchas copas)
mentiras…

Hace sol en la plaza;
demasiado calor
para este pueblo de sierra;
demasiada gente para
tanta nostalgia.
A la una y media de la tarde
vamos llegando todas.

Nos examinamos excitadas
por el encuentro.
Lobas curiosas que,
mientras beben cerveza,
buscan reliquias
de adolescencia
(sobre todo
en las arrugas
y en el culo).

En la izquierda
de mi recuerdo,
dos de ellas
lloran abrazadas.
Innecesario tiempo
de olvido
muriéndose en sus venas
(la rubia,
soy yo).

Todos en la plaza
nos miran.
Trece mujeres
rebuscándose en las niñas
calientes y frías
de hace veinte años.

En la comida cantamos
las canciones de antaño
(sigo con la cursilería).
No recordaba
el chiste del plátano…

Y luego las copas,
que mezclan el alcohol
con nuestra saliva,
que asfixian de risa
nuestras promesas
(a la más alta
nunca le caí bien).

Antes de irme,
y ya gastadas las lágrimas,
volví a abrazar
a mi favorita;
sabiendo que haría
este poema tan cursi,
y que al terminarlo
tenía que estar vivo,
por mis muertos.



yolandaquesiguerecordando

lunes, 14 de junio de 2010

unrecuerdoreciénhervido

Mi madre y sus hermanas
preñando la casa de hijos.
Amamantando de alegría nuestros miedos…

Siempre íbamos a esa casa en invierno. También cuando la primavera reventaba mis mañanas. Veo el caballo libre y los tendederos de ropa blanca; aquél olor de algodón virgen que cruzaba nuestro campo.
En aquella casa leí cien años de soledad.
14 años escondidos en el huerto. Con el corazón abierto en cada página.
Si te pillan te la cargas, decía mi prima; pero yo no podía dejar de leer.
Y me la cargaba...

A veces, salía al tendedero a soñar entre la ropa dormida. Blanca luz que rajaba el aire. Pensaba en esa escena en que la que la mujer se eleva entre las sábanas. Y esperaba…
Le robé el libro a mi primo. Aquel chico mayor que vivía en Europa y que tenía una habitación para él solo. Entraba arrastrándome entre las camas.
Ratita
de rodillas
arañadas.

Y mis tías me castigaban.
Mi madre callaba; ella me intuía. A veces preocupada, suspiraba: la niña escribe cosas raras. ¡Pues que no lea tanto!, gritaban mis tías de pechos rebosantes. Que lo que lee no es para su edad.
Y yo abría los ojos, cada día más.
Y cerraba la boca.
Y me escondía a leer y a escribir
(cosas raras…).


yolandaquerecuerda

lunes, 7 de junio de 2010

lallamabandesván

Yo, aquí, como siempre, con
jodidas historias reales...



La llamaban desván
los chicos de la escuela.

Tenía unos ojos
infinitos
con un gran salón
negro en el centro.
Amueblaba su mirada
una lámpara encendida
de besos
y pestañas.

En el lóbulo,
tierno,
le prendían
(como llamas)
unos aretes de oro.

La llamaban desván
incluso,
cuando la dejé
preñada.

Paseaba por el recreo
aquel vientre
hinchado de caricias,
con esa vida fresca
que le brotaba
(como chocolate
caliente)
entre las caderas.

La llamaban desván
los chicos de la escuela,
porque todos los hombres
querían subirse a ella.



yolandaquecuenta

jueves, 3 de junio de 2010

feriadellibrodemadrid. loqueviví


La cocacola en el césped, con mi indispensable amiga María, mientras el altavoz dice que estoy firmando en la caseta.

El abrazo de Antonio Huerga con sus ojos. Antonio y su cariño en una tarde de sábado que parece un viernes después de terminar el instituto.

La señora que se emocionó al abrir el libro y leer un poema.

El señor que sólo leyó la biografía.

Los rotuladores que me regaló mi amiga Espe para firmar.

Las pegatinas que compré de corazones, letras y ositos y que seleccionaba para cada visitante que se llevaba el libro.

La sonrisa de Charo Fierro.

Ignacio que no vino y me escribió para avisarme, Ignacio en la sombra lleno de luz.

Fernando y Rocío que vinieron a conocerme y a llevarse un trozo de mi sonrisa y un libro.

Fernando y Rocío que volvieron a por otro libro y me regalaron un trozo de futuro.

Charo de nuevo, viviendo en mis poemas y pulverizándolos como un perfume de rosas.

Ramón siempre a mi lado.

Santiago apoyado en su sonrisa y en su mirada, Santiago conmigo.

Evamadre que trajo a la Evapoeta y al revés. Eva Márquez a la que adoro.

Roberto que vino en compañía de un ángel, Roberto que habita cerca y cerca y muy cerca de mí.

Voltios que me superó. Que me trajo un regalo y que con su chica, el regalo se duplicó.

Mónica que fue la primera en tener mi libro firmado, Mónica que se come el mundo con su sonrisa.

Noe (minoe), que vino con su granmadre para regalarle mi libro.

La granmadre de Noe, que me dejó un trocito de su corazón en la mesa.

Sote, que rompió veinte años de ausencia con su abrazo y su boca de carmín.

Pablo, que envió el primer mensa después de la feria, Pablo que me abrazó con la tarde.

Los espontáneos que compraron el libro sin conocerme.

la chica de radio Almería, que me entrevistó y me pidió que leyera un poema. La chica de Radio Almería, que era una sirena de azúcar.

El espontáneo de mi tierra que se acercó y nos recitó un poema (que no era mío, je,je).

Los libros que firmé que superaron mis expectativas...



yolandaquedisfrutó