jueves, 29 de julio de 2010

amantelimpio

Para mí, este poema es muy triste.
La tristeza (que tontería) puede venir de cualquier lado de la vida...


Yo he visto
a un amante
limpiar su coche.

He visto
como limpiaba
(con su lengua)
los restos
de chocolate
del asiento
donde ella,
antes de despedirse,
se comía un
helado.

Yo,
sin poder
despegarme de la
ventana
donde miraba
como una obsesa,
he oído como
le decía:
“no te olvides
la barra de
labios”.

Yo he visto
a ese
amante
empapar el
techo con
colonia
de bebé
para limpiar
su culpa.

Y, una vez,
aprobada
la mentira,
se ha subido
en su coche
color plata,
sabiendo
-amargamente-
que la vida
con su mujer
lo manchará de
mierda
cada
día.


yolandaqueobserva

lunes, 12 de julio de 2010

niñossaharauisenmisdedos

El sábado, en el Prat, leímos mi hadita Marta y yo, a medias, uno de los poemas que he escrito para la antología Sonrisas del Sáhara, que ha coordinado mi adorable amigahermana Noemí Trujillo y que encierra poemas hermosísimos de varios autores.

Os dejo el momento de la lectura y el poema (la foto la hizo lorenzo Silva, que tiene un don para la fotografía y una cámara que envidio). Mi hadita con la camiseta del barca que pone detrás: messi con Marta y que se la regaló esa mañana Eduard Estivill en el museo del Barca y que se la puso como su mejor gala para leer.

Es un poema para que los niños lo entiendan y ha sido muy fácil para mí porque es lo que cualquier día del año, en este palaciodepapel, tenemos la suerte de vivir con los niños del centro de acogida de mi ciudad.


Levantarme y besarlo,
hacerle el desayuno
con mis ojos
y enseñarle
que el amor
no tiene DNI.

Merendar bollitos
con miel
y recuerdos de
su madre,
de su abuela
que lo espera y
de su hermano que
este año no ha
podido volver.
Besarlo de nuevo y
mancharlo
(con la emoción)
de carmín.

Preparar juntos
un bizcocho
mientras su
sonrisa me
amasa la
vida.
Encender
después el
horno y
el corazón.

Sentarnos todos
a cenar y
aprender a
rezar según
el Islam.
Compartir el pan
y no olvidarme
de sus medicinas
(que lo harán
crecer de vuelta
a su nopaís).

Volver a
besarlo
antes de dormir y
sentir,
sin duda,
en esta escuela
de vida,
que este niño
saharaui
me enseña
a mí.


yolandaemocionada

sábado, 10 de julio de 2010

guardandocosas

Bueno, siempre cambio mi blog los lunes y los jueves pero ahora estoy de promo y un poco desubicada así que llego siempre tarde...je,je
Este es un poemaprotesta, es el resultado de muchas cosas de este viaje, donde una (esta que teclea como loca) no deja de observar.


Salgo de la ducha empapada.

Este apartamento que he alquilado en un oscuro lugar de mi cerebro, se me queda pequeño.

Mis ojos atrapan con un grito la toalla.

Sin querer,

he mojado

el suelo.

Me escurro...


Voy a parar directamente, con mis pechos, a la cocina. El golpe es sincero; he agujereado las baldosas.

Que curioso,

no me he hecho daño.


A borbotones, comienzan a salir de mi cuerpo toda clase de utensilios inútiles que tenía instalados dentro de mí: unas tijeras de podar (recuerdo que llevaba meses buscándolas), una sonrisa torcida, un mechón de tu pelo (mi adorable sansón), la primera muñeca que me regalaste y un diente roto que no quise tirar.


Intento levantarme

pero no puedo.

No soy la misma;

peso, seguro, tres libras menos.


Siempre te han gustado las mujeres delgadas y yo, nunca podía dar tu talla. Esa frase literal que tantas veces te dije, explicando la grasa de mis sueños, pero que tú nunca supiste entender,

ahora,

antes de que vuelvas a casa y me veas repartida entre las baldosas grises de la cocina,

(pero delgada)

la enterás:

Mi amor,

siempre

me guardo

demasiadas

cosas dentro.

yolandaqueadoraunoskilitosdemásenlaspersonas

lunes, 5 de julio de 2010

siemprelepusenombrealascosas

Siempre
le puse nombre
a las cosas.
Al coche,
al ordenador,
a los insectos,
a mi máquina de coser…

Nombrando las cosas,
las invitamos a vivir.

Ahora los anoto
(los nombres)
y los guardo
en un apartado
que se llama:
untrocitodemí.

Dentro hay muchos.
Hay por ejemplo uno
que me encanta:
Corazónsuburbio.
Así, todo juntito,
para que las palabras
se restrieguen unas
con otras.
Se mezclen, se amen,
se toquen los sexos
sin vocales;
se empalmen,
se vuelvan
grandes…

Pero al final
siempre me falta uno:
el tuyo.
Aún no me
he atrevido
a nombrarte.



yolandaysuscosas