Hoy, que nos podrían granizar suspiros, o que alguien podría caerse del cielo mientras desayunamos, os regalo este poema que me recito muchas veces,
muchas, muchas,
desnudando el corazón.
Adoro tu mentira
sincera y
adoro,
(sin remedio)
tu voz desafiando
mi lengua
—tan besada,
tan buscada…—.
Adoro que me digas
que no es justo
que me vaya
a llamar por
teléfono cuando
es tarde,
cuando reposo aún
en la esencia
tan fresca
de tu piel.
Pero lo que más
adoro,
lo que más
me revuelve
los huesos
y el corazón,
es que me sigas
pidiendo
(a deshoras,
mi amor,
cuando menos lo
espero)
que me
case contigo.
adoro que adores lo que adoras, un petonet ben fort
ResponderSuprimirIsmael... ¡¡¡qué honor que me leas siempre!!! muchas gracias por tus palabras tan cercanas y maravillosas.
ResponderSuprimirPetons...
un poema para adorarlo, sin duda.
ResponderSuprimirte leo.
La locura sólo debe tomarse a deshoras y sin receta, o de lo contrario corre peligro de deshilacharse y volverse cuerda enganchada en el tic tac del reloj.
ResponderSuprimirUn beso
Ángel, tus palabras tan hermosas y tan bienvenidas, como siempre... muchas gracias por tu locura a deshoras. Precioso.
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