Ella aún, desde, entonces, pues, sin embargo, increíble, extraño, deseando, abriéndose en canal como el río Mapocho…
Ella aún no sabe lo que le arde dentro.
Y yo, que salí de ella, de sus adentros, que la vivo, la abrazo, la estrujo, la adoro y la aprieto, necesito para no romperme en añicos, hacerle un poema.
Y hoy, en este lunes de poesía,
regalároslo.
Este poema
es para la
madre
que me
parió
(aunque ella
nunca me
lo haya
pedido).
Un poema a
su útero
apretado de hijos,
a su corazón
infectado
de tanto
callarse y
a su amor
infinito,
infinito,
e infinito…
Un poema
a sus lágrimas
dulces que
me enseñaron
que hay que
dar sin recibir
(creo que por
eso tiene
el azúcar
tan alto)
y a sus
llamadas
interminables
a deshoras
para decirme
que me
envía las
croquetas con
mi hermana.
Pero sobre
todo,
un poema
a la mujerjineta
que vive
dentro de
sus venas;
la que se
le agita
dentro
y le muerde
los huesos
y la que,
por miedo a
la soledad,
aún no ha
querido
dejar
cabalgar.
Te felicito por este poema a la madre que te parió cargado de imágenes y sentimientos, me ha encantado leerte
ResponderSuprimirUn abrazo
Stella
Stella, gracias por tu visita y por tus palabras. Me encanta que te guste este poema tan especial para mi... es el epílogo del libro nuevo que publico con mondadori para padres e hijos en marzo.
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