miércoles, 5 de diciembre de 2012

conversaciones con mi zorro. ¿ju(z)gamos...?


–Siempre me has dicho que no te juzgara. Desde que te conozco…

Esta vez estoy preparada.
Mi zorro quiere hablar y yo me recreo,
indolente.
Me levanto de la nube que ya me aprieta las piernas,
y voy a la cocina.
–Delante de un té –le contesto.

Y así nos instalamos en mi territorio (la cocina, siempre).
Yo en una silla modernista que recuperé de una casa antes de derribarla y él en el suelo,
cerca de la luz para que lo inunde de sombras.

–La gente merece un poco de atención –afirmo rotundamente mientras el café me hierve la lengua–. La persona estresada que tenemos enfrente,
la que no nos habla o que no tiene nuestras mismas prioridades,
quizás tenga una madre con discapacidad,
o tres hijos y no llegue a final de mes.
O quizás,
simplemente,
no pueda dar más porque a él no le dieron.

No podemos juzgar a las personas hasta que no nos pongamos en su piel.
Hasta que no las conozcamos desde el centro de su volcán.
No debemos juzgarlas.
–¿Y a ti te ha sucedido…? –me abofetea con su pregunta ominosa.
–Desde niña –le contesto– pero ahora ya no me importa…








No hay comentarios:

Publicar un comentario