martes, 2 de julio de 2013

conversaciones con mi zorro: Einstein en mi arroz con leche


–Esa manía,
manía, manía…
Mi zorro me observa en silencio;  
sabe que tengo la frase a medio parir y que, si tiene paciencia,
llegará entera (qué zorro, el tío).
Pero hoy me he levantado más vieja y más pelleja,
así que voy a hacerle un arroz con leche a mi hija mayor
y me olvido de la frase.

Estoy en la fase de echarle el azúcar, la mantequilla y el chorreón de leche condensada; mientras, repaso el correo y contesto.
Y veo como él, mi zorro curioso, se acerca.
En sus orejas caducas, leo algo así como: esta no está muy fina hoy; veremos a ver como termina el día…
–Te has quedado en la palabra manía, guapa.
–¿Sí? –le respondo sin poder esconder una sonrisa. –tengo una cabeza…
–Manía de qué? –insiste.
Vaya, resulta que soy más interesante de lo que pensaba…
–Es Einstein, que me ha visitado esta mañana– le contesto toda crecida – Es por el proyecto ese que quiero estrenar en septiembre, que estoy harta de que todo el mundo me diga que estoy loca, y que eso no va a funcionar. Y… ¿sabes lo que me ha dicho él..?
–Él, supongo que es Einstein, que suele visitar muy a menudo a las personas, claro. Pues no, pero viniendo de vosotros dos, no sé si seguir viviendo contigo o irme corriendo…
Estoy a punto de tirarle la zapatilla pero prefiero centrarme en el arroz con leche, que la mala leche influye en el resultado final.
–Me ha dicho, textualmente, para que te lo apliques: “la gente que dice que no se puede hacer, no debería interrumpir a los que lo estamos haciendo…”

ea.

Para rematar mi faena y, sin concederle una mirada (porque mi zorro no se cree que él me ha visitado), le quito al postre los palos de canela, los enjuago y con ellos, en honor a Einstein, pongo el principio de su nombre sobre la fuente. Que en mi tierra se usa mucho eso de: “¿Ein…?”
Y el corazón de caramelo, que no falte.

Cuando se levante mi hija, a ver cómo le explico el significado de este arroz con leche…





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