domingo, 8 de septiembre de 2013

conversaciones con mi zorro: somos lo que solucionamos.


-No es el principio,
ni siquiera el beso que sella un final o,
al menos, que lo disimula.
No, no es eso…

Son casi las once de la mañana y mi zorro anda corto de reflejos.
Creo que debería soltarlo una vez al mes en el bosque para que sea un poquito más salvaje,
porque se me está convirtiendo en un zorromarujo con tanta casa.

-Sé lo que piensas –me dice mirándome casi fiera-.
Me río a carcajadas porque no sé si se refiere a mi entrada de hoy o a lo otro.

-Ya… , pues sigamos porque me muero de hambre y mis neuronas necesitan pan con jamón –le contesto indolente.

-Me estás hablando de los finales felices, ¿verdad? Pues termina la frase, querida.

-Vaya, estás más espabilado de lo que yo pensaba… Pues sí. Te hablo de eso.
Hoy me he despertado pensando en ello,
es más, desde anoche le doy vueltas:
No importa tanto lo que hagas
sino cómo lo soluciones.
Sólo nosotros tenemos el poder de convencer a alguien de que lo que ha sucedido ha sido un error,
o una metedura de pata,
o un olvido.

Sólo con aceptarlo no significa que la otra persona lo somatice, no,
hemos de currar después para que sepa que lo sentimos de verdad;
como cada uno sepa
(una mierda para el que diga que no sabe)
 pero haciéndole saber a esa persona dañada lo importante que es para nosotros, aunque tengamos que invertir en mil llamadas o mensajes.

Porque si no lo hacemos,
de nada nos sirve el perdón si no lo sobrelleva el olvido.

-Pues sí, señorita –me contesta, casi rozándome la pierna con su hocico.
Por una vez estamos totalmente de acuerdo.
¿ves como no tienes que dejarme un día sólo en el bosque…?.
.
.
.
.
.
ea…
que este me
ha
vuelto a
pillar.







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