jueves, 31 de octubre de 2013

calavera mejicana (o feliz día de los muertos)


Si algo envidio de los Mexicanos, aparte de su Chiapas, donde viviría,
es el día de los muertos y su manera tan alegre de celebrarlo.

Así que yo me sumo a su fiesta con esta calavera que hice una mañana de otoño (como la de hoy), mientras atravesaba Barcelona en la parte trasera de una moto y, como siempre, vivía todas las vidas que me iban surgiendo.
Al terminar el trayecto, me senté en un banco y escribí lo que luego fue este poema  (os advierto que a mi padre no le gustó).

Siempre me gustaron los cementerios, no me puedo resistir al silencio y la belleza de un espacio lleno de
flores,
respeto,
vida y
velas.





En el cementerio
de Montjuic,
los muertitos
están muy cerca
del cielo
(y para algunos
de Dios).

Hoy los he visto
(a los muertitos)
tomando el sol
en sus nichos.
Yo paseaba
en moto
y, al mirar hacia arriba,
ellos agitaron
sus flores
(algunos se atrevían
con el top-less,
enseñando que el alma
nunca abandona
nuestros huesos).

En el cementerio
de Montjuic
las casitas cuelgan
como en Cuenca.

Adornan sus ventanas
ramos de velas
agónicas de día
y recién nacidas
de noche
–seguro que
en esa montaña
sus nohabitantes
se sientan
en las piedras
a fumarse
la vida
y los besos–.

En el cementerio
de Montjuic
a los muertitos
sólo los vemos
los locos
y los más vivos.





yolandaqueyasebajódelamoto

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