martes, 25 de febrero de 2014

conversaciones con mi zorro: ¿cosas de chicos o de chicas..? amos ya...


–Querida, no puedes decirles a tus hijas que, además de chicas, son también chicos…

Son las 9 de la mañana y estoy terminando de desayunar mi pan de centeno con aceite de oliva de ese que te vuelve loca de rico.
Mi zorro tendría que saber que, como buena bruja,
estoy en modo “comunión alimenticia”
(vamos que no estoy ahora pa filosofía).
Pero no,
como es un poco soba,
insiste y tiene la caradura de tumbarse tan pegado a mi silla que me incomoda.
Y, para terminar de rematarlo, gruñe…

–Pues sí,  –le digo a punto del último bocado y sabiendo que no me va a dejar en paz,– todas somos también chicos, por supuesto. Es la mejor forma de educarlas para que cuando les guste alguien no busquen su otra mitad, ¡qué narices! eso no existe,
eso es sólo parchear tu corazón,
rellenarlo con carencias,
con sueños rotos,
con anhelos vacíos o
con grasa de cerdo blanco,
pa que me entiendas.

(Ahora mi zorro se ha levantado y me mira como diciendo: te estás pasando, rubia…).

Pero yo ya estoy crecida,
me han fastidiado el desayuno, así que ahora que se aguante:
–No quiero vikingas que no sepan vivir solas;
las quiero libres y enteras y si eligen a alguien,
que sea por amor, no porque las rellenan de silicona emocional.
Ea…

Muy digna yo, hago un intermedio para terminar la bebida de avena y tomarme la equinácea.

Él ya se ha levantado (prometo que no le he escupido) y desde la puerta sonríe y me mira canalla, como si se hubiera guardado algo bajo esa piel de zorro que adoro.
–Te ha quedado muy bien, querida, pero me temo que te queda mucho trabajo por hacer y por educar;
eso sí, yo he aprendido que no debo importunarte en mitad del desayuno…







yolandatragona

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