miércoles, 13 de agosto de 2014

conversaciones con mi zorro: Mi fábrica de nombres.

Conversaciones con mi zorro: mi fábrica de nombres.




–¿De dónde te viene esa manía de ponerle nombres tan extraños a las cosas, querida..?

Estamos tumbados en la cama elástica comiendo tostadas con Nocilla. Hace rato que no saltamos (odio que mi zorro se suba porque ocupa casi todo el sitio y siempre termina arañándome cuando salta).  
Antes de la merienda, hablábamos sobre el agradecimiento, que yo recuerde.  No sé a qué viene ahora, que estamos agotados, sudando y relajados, que empiece a comerme el coco.

-Querido (odia que le llame así), –yo no tengo manías, solamente verdades –sé que lo aso cuando me pongo.  –Yo, simplemente vivo; los caprichosos son los artistas, no te confundas.

–“la lista de mi vida” –responde con los ojos vueltos y haciéndose el interesante.
–¿Eso es un nombre raro? –abro los ojos todo lo que puedo.
–Bueno, mañana, lo pones en tu muro y que tus queridos habitantes del bosque, como tanto te gusta llamarlos, te digan lo que es (aquí lo noto celoso, jeje).
–Mira, yo no tengo que preguntarle a nadie ni molestarlos en sus vacaciones o en sus trabajos para que me confirmen algo que está clarísimo. Cada año me hago una lista de asuntos emocionales que necesito zanjar, por eso se llama así. Este año es mi año del agradecimiento y lo empecé escribiendo, cada dos meses, una carta a alguien que me hubiera ayudado mucho o me hubiera influido. Ya llevo dos, vamos, que la cumplo porque me hace sentir importante. –Y diciendo esto, muy digna, me levanto de la cama elástica para salir por la red. Entonces lo oigo reírse a carcajadas (esto es rarísimo porque la especie de mi zorro es muy seria y casi nunca se ríe, yo creo que se debe al horóscopo, que esos animales también tienen).

Estoy por volverme y enchufarle la manguera pero cuento hasta tres (bueno, llego a veinte) y me vuelvo:
–Tú lo que tienes es envidia cochina, como diría mi abuela cuando ya la teníamos frita. Tú es que no sabes ponerle palabras a las cosas y yo, que sólo vivo para ellas, te produzco un rechazo “realtivo” (aquí me doy cuenta de que me he vuelto a inventar otra palabra y me giro para que no me vea reír, que estaba yo en el rol de ofendida).

Y, como un chispazo, me doy cuenta de que he dejado el bote de Nocilla entero a su lado y corro hacia él.
–lo siento, querida, el bote se ha “dosinado”; añádelo a la “lista de tu vida”, por favor.


Y el muy caradura, me guiña un ojo y se va.





yolandaquesequedasinnocilla

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