domingo, 29 de junio de 2014

poemadelunes: ella no era la mía...

No es el destino el que te revienta la vida, no.
Tampoco es el tú ni el yo;
más bien es el nosotros.



No era tierra
para mi yegua,
ni sus
ojos
algas
para mi mar. 
No era mujer
para mi madre
ni la madre
de mis hijos.

Más bien,
en sus noches
de luna
famélica,
era la loba
caníbal
que aullaba
junto
a las fieras
enloquecidas.

Pero era
mi hembra,
y yo sólo
necesitaba
su boca
(y que me lamiera,
como sólo ella sabe,
las heridas
de nuestra

guerra).







yolandaquedice

miércoles, 25 de junio de 2014

tanto por no hacer contigo...

Te contesté
el mail,
me han crecido
flores
en las pestañas,
he cocinado
toda la tarde
(para no pensar
que pienso en ti
como una obsesa)
he diseñado
un proyecto nuevo
mientras paseaba
por la playa,
he borrado
números de teléfono
de mi agenda
que ya no quiero allí ,
he impreso
una receta
para tu cumpleaños
(sabiendo que no iba,
antes de saber que iba) y
he intentado
olvidarte por
siempre jamás,
como Campanilla.
Pero,
por mas que yo quiero
salvarte de mí,
tú sólo quieres
que te salve
de los demás.

Jodido animal
en celo
de mi piel.









yolandaquepiensa 

domingo, 22 de junio de 2014

poemadelunes: afilando las uñas


Prendo mis ojos
con los dedos
y me los cambio
de sitio .
Últimamente veo
demasiado
alto y
ayer,
casi piso
un recuerdo
que estaba
dormido.

Después,
me aliso
el pelo.
Estos rizos 
indomables
no dejan
que pase la
luz a mi
cerebro y
lo necesito
fresco
—en carne viva,
diría mi
madre—.

Y multiplico
mis dedos
hasta llegar a
cien
(tu número
favorito;
nunca supe
por qué).

Lo último y
lo más importante
será afilarme
las uñas
como puntas
gélidas de
un bolígrafo.

Es lo único
que me falta
para,
cuando
me vuelvas
a engañar,

tacharte.






yolandaconlasuñaslistas

martes, 17 de junio de 2014

conversaciones con mi zorro: la piel y el pelo.




-Yo es que soy más de piel…

Mi zorro me mira pero no dice nada; ya no se extraña de que hable sola.
-Que yo sepa, no te he preguntado, -susurra altanero. 
-Ya, pero como soy bruja, sé que querías hacerlo. Llevas días observándome y callado cada vez que te digo que tengo una nueva amiga y que es maravillosa y que, juntas, exploraremos la luna.

Ahora sí se levanta, lo hace siempre que quiere hablarme en serio, como cuando era niña y mi padre me decía: “Yolanda, dentro de diez minutos te espero en la salita chimenea, que tenemos que hablar”.

-Querida, -me susurra demasiado cerca- tienes un corazón más grande que una casa de putas y me temo que, últimamente, ha dado de sí. No puedes ir por ahí enamorándote de cualquier persona que sea inteligente, artista y diferente…
-Y generosa –añado como princesa recogiéndose las trenzas - esto es fundamental.

-Querido, es que yo soy más de piel y tú lo eres de pelo… -le repito riéndome, a ver si de una vez se entera de que lo mío son las personas como Lázaro, con el corazón en la mano y sin armaduras. Que yo disfruto con la carne viva y que no necesito que sean amigas de toda la vida para que lo sean eternas. Y que yo no estoy aquí para que me salve nadie, que ya me basto solita.

–Pero te quiero también a ti, que conste… - Termino diciéndole, porque estoy viendo sus ojos abrirse cada vez más.
-Ya… -responde agotado.

Se incorpora para alejarse de mi aliento pero, antes de retirarse, me da un lametón en el tobillo.
Supongo
que
por
no
morderme. 






yolandacharlatana

domingo, 15 de junio de 2014

poemadelunes: ahora que todo ha terminado...


Amarte tendría que ser
como merendar un helado
de chocolate.
Que me dejara llena.






Ahora que todo
ha terminado,
ahora que
mis arterias
vuelven (casi)
a estar ordenadas
en esta sangre
tan contaminada
de ti
–y de tus abrazos
a traición–.

Ahora que sé
que tu voz
está minando
mis rizos y
mis piernas,
mis poemas y
mis venas
(ahora que ya sé
que no te quiero
olvidar).

Ahora
que por fin
nos hemos librado
de nosotros,
te hago esa
pregunta que
yo no sabría responder:
¿quieres
olvidarme

conmigo?








yolandapreguntona

Eugenia...

Qué me inspira..?

Eugenia, boliviana, contestándome sin mirarme a los ojos.
Eugenia, boliviana, sin costumbre de que le pregunten por su vida.
"Pues me vine porque él me pegaba y esas cosas...".

Son las 8 de un Madrid, y desayuno con ella. Estaba sentada sola y me sonrió al entrar; era cuestión de minutos el que yo le hablara (te conoceré yo, Yolanda...).
A punto de entrar a trabajar a una casa me cuenta que lleva 11 años aquí.
"Empecé en un chalet pero era tan grande que me perdía por las habitaciones y me regañaban." Ya, en la despedida (injusta la desigualdad entre su vida y la mía),
le hago la pregunta, la que más dolor le tiene que producir a una madre que deja a su hijo con 6 años en su país.
Adivino que no se la han hecho hasta ahora porque se le quiebra la voz; como ese tallo que rozas sin querer pero, sobre todo, porque por primera vez me mira a los ojos como si yo la entendiera (pobre, llevo entendiéndola desde que la vi).

"Sí, me responde, siempre me ha culpado porque lo dejé con su padre y me vine. Ahora parece que ya lo está entendiendo..."


Camino de vuelta a casa, descubro que me he traído a Eugenia en el corazón, aunque no haya pagado billete de tren.






yolandaqueviajaacompañada