viernes, 27 de marzo de 2015

poemadelunes: este día que me hace grande...


 Hoy es lunes.

De niña,
nunca me gustaron los lunes.
De joven,
tampoco.


De adulta,
los lunes me restregaban
su amenidad en las entrañas.
Me gritaban
—con esa cadencia de calendario
podrido—:
hola, jodida currante,
ya estoy aquí…


De mayor
(bueno, cuando era abuelilla),
comenzaron a gustarme los lunes…

Cuando aparecían por la mañana,
yo los esperaba en pelotas y
los ahorcaba para licuarlos
con el anticoagulante
que me chutaba.
Y, sin que mis hijas me vieran,
mezclaba toda mi vida:
el lunes, 
el sintrom y 
el café prohibido.

Cuando fallecí, lo hice en lunes.

Y lo mejor:
ahora
–que soy bruja–
me apasionan
los lunes…



yolandalalalalala....


domingo, 22 de marzo de 2015

poemadelunes: mi abuela...



Por muchos, muchos, motivos, querida mujer de libertad en las venas, 
últimamente te echo de menos cada día. 
Conozco el motivo, pero aún no ha llegado el momento de gritárselo al cielo. 




De mi abuela
recuerdo
casi todo:
su traje azul
que detonaba
el día,
o su pelo blanco
de helado de
nata
nevada.  
El anillo con el
que golpeaba la
mesa y
sus ojos llenos
de mares y
de cataratas.

Cuando dormía
con ella
(qué pasado
más continuo)
le robaba
las galletas
inglesas de
mantequilla
que escondía
entre su
lencería de
Francia.

Mi abuela tenía
unas venas
transparentes que
enseñaban,
sin pudor,
los cientos
de libros que
había leído.
Y a veces,
nos dictaba su
peculiar historia de
esta España
quebrada.

De tanto querer,
a mi abuela,
le nació una
tromba en el
corazón que
le infectó
el alma.

Cuando se moría
(y yo a chorros)
le confesé
llorando
que le robaba
las galletas.
Ella,
sonriendo y
antes de dejarme
huérfana,
me dijo que
las ponía allí
para que yo
me las llevara.




yolandanieta




domingo, 15 de marzo de 2015

poemadelunes: beso robado

Tómame en serio
pero tómame
como si fuera la primera vez…
GLORIA BOSCH


A esa niña
(la de la falda de
suspiros y las botas
negras)
le acaban de dar
un beso
en la boca.
Estoy segura.

También sé
que el beso
era con lengua
(porque tiene,
aún,
 restos de
saliva en
el alma y se
le bosa por
los ojos).

La miro fijamente y,
muriéndome de
envidia,
decido ir
tras ella
para robarle
ese ardor que
apenas recuerdo.

Ya lo tengo
instalado en
mis carnes
(el beso)
y lo he hecho
mío…
De nuevo
vibro y
mientras me abrazo
a mí misma,
se transforman
mis pechos
en un volcán
de esperanza.

Hace más de
dos años que
no me besas
así.
Creo que
voy a dejarte
para volver  
de nuevo
a sentir.








yolandaquebesa


viernes, 6 de marzo de 2015

poemadelunes: mi mujer trabajadora...

En la celebración del día de la mujer, elijo a esta gran dama a la que conocí y a la que debo tantos recuerdos diarios cada vez que beso a mis vikingas.


A esas mujeres que viven en nuestro país
con el corazón repartido a trozos y que, con pegamento de sollozos,
se lo ajustan cada mañana entre los pechos.


Antes de venir
dejó al pequeño
con su abuela
y a la mayor,
(esa niña que le salió
tan frágil)
con su hermana.

Les plantó un jardín
de besos en el pelo
y en sus tiernos
pechos,
el corazón. 

Aún le quedaba Pablo,
el mediano
(y del que no recuerda
el nombre
del padre que la preñó).
Lo dejará con la vecina y
a cambio,
le mandará treinta euros
al mes.

Camino de España,
llora en el avión
y también
en la estación
de tren.
Y sigue llorando
cada noche,
empapando el asfalto y
las paredes
de su vida.

Les manda dinero
(a veces se lo
roba ella misma
de su hambre) 
y este año
ha podido
enviarles un regalo
de Navidad.

Pero lo que no entiende
es cómo la señora
de la casa
donde vive
casi nunca ve
a sus
hijos.

Teniéndolos tan cerca.






yolandaqueterecuerda